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Un obispo sin pretextos

Un obispo sin pretextos

Conversar con Don Alfonso siempre resulta interesante y didáctico, tanto en el acuerdo como en el desacuerdo. Su imagen pública está vinculada permanentemente al cargo que ocupa y responsabilidad que gestiona. Su palabra resulta tan sencilla, clara y cercana que se me antoja poco probable que nadie pueda discutir la posibilidad que siempre dispensa al diálogo abierto; respetuoso en la forma y complejo en el fondo. Este año vive la hora de su adiós al obispado que ha atendido en la última década, después de haber cumplido setenta y cinco eneros de vida dedicada a su fe en Dios. “La Habitación de Candy” recibe a un hombre de bien.

Don Alfonso Milián visitó los estudios de Canal Litera

Don Alfonso Milián visitó los estudios de Canal Litera

Don Alfonso Milián Sorribas nació en la calle Calcina, 24 de la localidad de La Cuba (Teruel).  Eran las seis de la tarde de un jueves 5 de enero de 1939. Tres cuartos de siglo después, su vida se desarrolla a unas cuantas decenas de kilómetros de aquel pueblo que le vio nacer bajo el cuidado y atención de sus padres, Antonia y Baldomero. En Barbastro está ahora su casa, y en las comarcas del Somontano, Cinca Medio y La Litera reside su vocación que dispensa a través de cualquier oportunidad que se le presente, en este caso un programa de radio, en Canal Litera, de nombre “La Habitación de Candy”.

 El obispo de la Diócesis Barbastro-Monzón llega puntual a la cita. Su imagen presenta un inmejorable aspecto, una vez superados los problemas de salud que le han acompañado en los últimos cuatro años. Saluda a todos, habla con todos, y con una sonrisa permanente en sus labios se dispone a iniciar el directo. “Llevo años de entrevistas y me encuentro muy cómodo en esta situación”. Por delante tenemos sesenta minutos de charla abierta y tranquila. Escenario ideal ante un personaje de la talla humana e intelectual del obispo. “Dios me ha hecho así. Yo concibo mi vida como un regalo para el mundo, al igual que tú y todos los que nos escuchan son un regalo para el mundo. Cada uno tenemos unas cualidades que Dios nos ha dado para regalarlas a los demás”. A lo largo de sus diez años en esta provincia, Don Alfonso ha conquistado el cariño general de los que le conocen y comulgan, y también de aquellos que, sin comulgar, valoran otras cualidades personales que presenta y comparte. “Siento el respeto y sobre todo el afecto y cariño de la gente. Esto no quiero decir que todos estén de acuerdo con lo que digo y lo que hago. La razón de mi vida es la iglesia y las personas”. 

 Hace unas pocas semanas, Don Alfonso Milián envió una carta al Papa Francisco motivando su renuncia una vez cumplidos los setenta y cinco años. Este es el primer precepto que debe cumplir el obispo al cumplir la edad señalada. Ahora deberá esperar la confirmación a esa renuncia, antes de decir adiós a la diócesis de Barbastro-Monzón. “Estoy muy bien de salud y me siento querido y con fuerzas, pero el día que deje la diócesis me quedará la satisfacción de que me entregado y he trabajado todo lo que he podido y lo mejor que he sabido. Pediré perdón por los fallos que he tenido y aceptaré la realidad que deba asumir, siempre contento y agradecido a toda la diócesis”. Todavía le queda tiempo por delante para continuar con su labor y compromiso, a la espera de esa respuesta desde la Santa Sede.  La solución dentro de este año 2014, le abrirá la puerta a una nueva etapa en su vida que afrontará con los mismos presupuestos de fe que encontró en el seno familiar.  Desde muy pequeño, Don Alfonso vivió un ambiente vinculado a la fe y a la iglesia. Con once años ingresó en el seminario de Alcorisa. “Crecí en una familia muy religiosa. Cuando llegué al seminario, es posible que no tuviera una consciencia clara de la vocación que iría creciendo dentro de mí, a pesar de una crisis que sufrí a los diecisiete años. En ese momento tuve una falta de fe y, como Dios era tan importante en mi vida, no encontraba sentido a la misma sin esa fe. Gracias a la paciencia y ayuda de un profesor mío, recuperé la fe y salí muy fortalecido. A nivel general, cualquier crisis si la afrontas puedes vencerla y crecer, al contrario te tumba”.

 A lo largo de su estancia en la diócesis de Barbastro-Monzón, una cuestión ha ocupado y preocupado los días de Don Alfonso. El litigio sobre los bienes sacros con Cataluña es un tema que no encuentra solución ante el cansancio general. “He hecho todo lo que estaba en mis manos por solucionar este tema y sigo en ello para dejarlo solventado. Pero en estos momentos no es tanto un tema de iglesia, sino más bien un tema sociopolítico. El obispo de Lérida, Joan Piris, me ha dicho en más de una ocasión que si por él fuera, hoy mismo devolvería los bienes. Mi obligación es seguir trabajando para conseguir que los bienes retornen a las parroquias aragonesas”. En las palabras y tonos del obispo, se deja entrever cierta fatiga al comprobar que cuenta ya con pocas oportunidades, de aquí al final de su mandato, para solucionar el problema referido. A él le hubiera gustado dejar otra herencia al obispo que venga a sustituirlo.

 La radio continúa y la conversación crece. La música de Khaled, Taha y Faudel nos da un respiro con nombre de “Aïcha”. La belleza irremediable del trío de voces nos devuelve al estudio de radio “Joaquín Paricio”. Durante el paréntesis, Don Alfonso parecía más interesado por seguir nuestra conversación, que por escuchar la propuesta musicada. “Debo reconocer que la música no es mi fuerte. Escucho Gregoriano, pero poco más”. Sus aficiones en tiempo de ocio tienen que ver con la lectura y el ejercicio físico. A diario, el despertador le suena a las seis de la mañana para, bien abrigado, caminar durante una hora dando vueltas al patio del seminario. Mientras se ejercita y gana salud, Don Alfonso aprovecha las nuevas tecnologías para orar. “Llevo en mi móvil los rezos y oraciones grabadas y las voy acompañando con mi voz”. Además, y para no perder la costumbre de viajar por todos los pueblos de la diócesis, el obispo atiende amistades personales en Alcampell. Allí le espera Don Antonio, el párroco, para comer unos exquisitos caracoles en el Fayón y compartir un buen tiempo de provechosa charla y mejor sintonía. Por supuesto, la Sra. Amparo estaba al mando de los fogones.

En el ecuador de nuestra conversación, otros temas se suceden ante las continuos argumentos del obispo. Nada le incomoda, incluidas preguntas por curiosidad ¿Tiene amigos ateos? “Sí, sí. Desde el respeto, me encanta a hablar con aquellos que piensan distinto a mí. Me gusta acoger e intentar comprender su situación. Nunca impondré yo la mía, porque Dios no quiere que le impongamos. Quiere que le presentemos, que le ofrezcamos, y él por su espíritu ya hará su trabajo. Yo ya le digo que no nos lo deje todo a nosotros (sonrisas)” ¿Ha dudado alguna vez de su fe en cualquiera de esas conversaciones? “Dudar no, porque no digo que tenga seguridad absoluta, pero sí una vivencia total. Para mí Dios es todo, y que él me haya elegido para ofrecer al mundo lo mejor que se puede ofrecer significa la mayor de las satisfacciones. Mi fe se fortalece comunicándola y aceptando las críticas que me hacen”. Sin dejar ese tono convencido y la línea que hemos abierto, Don Alfonso reconoce que suele estar muy atento a la actualidad informativa, sobre todo a través de la radio. “Escucho la Cope, pero me gusta contrastar opiniones con la Ser. Su manera de enfocar los temas es distinto, pero necesito conocer esa otra opinión”. En ese alud de noticias diarias desprovistas, en muchos casos, de mínimos valores que dignifiquen al ser humano, el obispo toma la palabra y subraya: “Una sociedad sin Dios y sin valores, y que no ve al otro como hermano, es una sociedad que está llamada al fracaso. Si nos cargamos los valores fundamentales del ser humano, vamos a destruir el mundo. El sistema que tenemos ha fracasado, no tiene futuro”. La contrariedad asoma entre las palabras del obispo y sus experiencias. “En mis viajes por el mundo veo la alegría de los más pobres vinculados, permanentemente, con Dios. Ellos viven como hermanos, ayudándose, respetándose, queriéndose. Desde aquí, y a cambio, hay personas que les roban su riqueza y se las devuelven con armas para que se enfrenten entre ellos y se maten… ¡Se puede tener más…!”. Su cara lo dice todo, pero no se atreve… Le acompaño en el final de la última frase; “mala leche”. “Eso, justamente eso”. Los motivos de esos conflictos, alimentados desde este lado del mundo, enfrentan a los hombres enarbolando religiones… “Cuando se cree en el verdadero Dios, se va a dar la vida, no se va a matar. La religión no se pude imponer matando a la gente. Eso no es religión, sino fanatismo”.

 Hace un año, y con motivo de la elección del nuevo Papa, Don Alfonso escribía lo que sigue: “El Señor nos ha regalado un nuevo Papa y estamos contentos. Al elegir este nombre (Francisco), el Papa nos da a entender lo que ha sido su vida y lo que quiere que sea su ministerio: una vida sencilla y entregada a los pobres”. Doce meses después, el obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón reitera y eleva el mandato del Papa, seguidor de San Lorenzo de Almagro. “Es un regalo de Dios que conecta muy bien con todo el mundo. Mucha gente está volviendo, no solo a la misa, sino como planteamiento. Es un estilo nuevo con una acogida enorme”. Es evidente que el Papa Francisco gusta a todos, y mucho más a los suyos propios. Su compromiso, desde dentro, está señalando temas, hasta ahora poco dados, en el seno de la iglesia. “En el tema de la pederastia, el más fuerte y contundente fue Benedicto XVI y ahora el Papa Francisco sigue en ese camino. No lo podemos tolerar. Todo aquel (sacerdote, obispo…) que no se sienta alegre con su fe, que se cuestione su servicio a la iglesia. Para hablar de Jesucristo hay que hablar con alegría”. Sin pretextos, sin excusas, sin evasivas.

 La sintonía se acerca y Candy anuncia el final por esta fecha. Nueve minutos hemos sumado a nuestro tiempo habitual y las luces del estudio se inclinan a la sombra de esta noche de invierno. Poco queda y mucho nos deja. Don Alfonso Milián se despide con la misma sonrisa que nos regalaba al inicio, después de haber mostrado la impronta que ya suponíamos por mor de la media docena de años que contemplan nuestro primer encuentro. También fue en la radio, y eso está muy bien. Salud y camino.

 

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