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Un jotero de Nicaragua en Albelda

Un jotero de Nicaragua en Albelda

La historia reciente de Gerardo Javier Galeano Tábora es el relato de un chico de 12 años que en poco más de un año ha visto como su vida giraba de manera inopinada. Ni él mismo podía imaginar que su destino le tenía preparado un regalo que pasa por Albelda, por el reencuentro con su mamá y por una voz, la suya, que abre los corazones a ritmo de jotas aragonesas.

Una docena de años contemplan a este muchacho que desprende humildad, dulzura y exquisita educación.

Su vida no ha sido sencilla; él, como demasiados otros niños, tuvieron que vivir con edad temprana el adiós de su madre (Yoana) en busca de prosperidad para la familia. Gerardo se quedó en Nincaragua, junto a su abuela, su tía y un hermano, Edy Santiago, mientras su mamá viajaba hacia España. Durante ocho años, de los tres a los once, el pequeño pudo disfrutar de su progenitora en no más de un par de encuentros con los días contados; la última vez fue en 2009. Desde entonces, y hasta el 10 de diciembre de 2014, Gerardo no había visto a su mamá.

Pero llegó el día en el que él mismo y su hermano viajaron a Albelda para pasar las navidades con su madre. Lo que iban a ser dos-tres semanas de vacaciones se han convertido en una estancia que promete permanencia y mejores oportunidades. “Me he adaptado muy bien, aunque el cambio ha sido muy fuerte. Hay mucha diferencia en todo; pueblo, colegio, personas…”, nos cuenta Gerardo mientras explica cómo la vida en Albelda nada tiene que ver a la que debía afrontar a diario en su ciudad natal de Chinandega, ubicada a 170 km al norte de la capital, Managua.

La notable capacidad de adaptación del chico se ha visto alimentada por su gran descubrimiento en tierras literanas: la jota.

“La primera vez en mi vida que escuché una jota fue para las fiestas de San Vicente de Albelda, en enero de 2015. No me gustaron nada, aunque ahora creo que aquello tuvo que ver más con mis inicios aquí, y la falta de costumbre”. Pero hubo una segunda oportunidad bien aprovechada. “Después volví a ver a la Rondalla San Roque para San Isidro, y ahí me gustó mucho. Inmediatamente le dije a mi mamá que me comprara un cd de la rondalla. Me lo ponía a todas horas y a todo volumen. Cantaba por encima de la música y me anotaba todas las letras para aprenderlas.”. Un flechazo al que siguieron otros discos, decenas de cantos y un cuaderno repleto de letras. La llamada a la Rondalla San Roque para ir a probar fue inmediata, y el 1 de junio pasado Gerardo se plantó en el local de ensayo de la agrupación folclórica albeldense para cantar delante de la profesora Mariluz Lafita. Todos los allí presentes se miraban boquiabiertos mientras el pequeño Gerardo subía y bajaba tonos como si lo hubiera hecho toda la vida. “Es un diamante en bruto”, se apresuró a decir Mariluz, según nos cuenta Ysabel López , presidenta de la Rondalla San Roque. A partir de ahí, horas de ensayo, escuchas en casa, todos los programas de Aragón TV dedicados a la jota y… seis meses más tarde, Gerardo se proclamaba subcampeón juvenil del XV Certamen Nacional de Jota “Ciudad de Huesca”; el joven jotero nicaragüense no daba crédito: “No podía esperar ese premio. Cuando salí al escenario para recogerlo, no dejaba de pensar “qué hago yo aquí””.

¿Y Yoana? ¿Qué piensa la mamá de Gerardo?

“Mi madre no sabe qué pensar. Está muy extrañada”, explica Gerardo Galeano. La sorpresa general admite, inicialmente, una sonrisa de incredulidad que se convierte, de inmediato, en un ademán de admiración al escuchar la voz y el canto del joven. Su experiencia musical reside, únicamente, en el coro de la iglesia a la que acudía en Chinandega, pero jamás había actuado como solista. La primera vez que lo hizo fue en el certamen oscense para hacerse con el segundo premio. “Cuando cantaba en casa me gustaba como sonaba. Mi hermano me decía que apagara el reproductor, a él no le gustan las jotas. Pero yo le daba más fuerte”. A modo de anécdota clarificadora y en las pasadas Fiestas del Pilar, Gerardo acudió con su familia a la ofrenda a la Virgen. Precisamente, el país invitado en la ofrenda de 2015 era Nicaragua, de tal manera que un buen número de nicaragüenses acudieron a la Virgen con sus flores y su folclore. Mientras la familia de Gerardo, junto al resto de paisanos, disfrutaban de las músicas y bailes de los suyos, el joven jotero prefería ir unos pocos metros más allá para ver y escuchar jotas .

Una vez comprobado el nivel y recorrido jotero de Gerardo, desde la Rondalla San Roque van a seguir apoyando su progresión con ensayos y actuaciones:

la próxima en el XV Certamen Nacional de Jotas “Villa de Sariñena”. “Tiene una voz muy bonita y afina y entona muy bien. Además, hay que tener en cuenta que la primera vez que actuó de verdad fue en Huesca con un Palacio de Congresos lleno. Ahora habrá que ver cómo hace el cambio de voz, pero cuidando ese momento no tiene por qué perder”, nos comenta Ysabel López.

Pero hay otros gustos más allá de la jota, aunque el canto ocupe ahora buena parte de su tiempo libre.

Empiezo por el fútbol con Cristiano y Messi como banderas de dos de los equipos más importantes del mundo. Gerardo concluye con diligencia y rotundidad: “Son unos fachentitos (creídos)”, refiriéndose a ambos ídolos del balompié. “No me gustan sus formas, no van conmigo”. La crítica velada de subterfugios queda aterciopelada en la voz y gestos de Gerardo. Sin espacio para seguir por los caminos del deporte más popular, decido hablar de su voluntarioso vínculo con la iglesia. “Mi abuela nos educó así. De más chico era una obligación, pero desde hace tiempo se ha convertido en un lugar donde me siento muy bien. Aquí en Albelda, voy a misa los martes, miércoles y domingos, además de algunos extras para los que me llama el cura”, nos cuenta Gerardo a la vez que nos despedimos, reiterándome sus dudas sobre esta charla. “Cuando me llamaste, no tenía muy claro el hecho de salir en Somos Litera… me da un poco de vergüenza y le dije a mi mamá que me lo tendría que pensar, pero ella me dijo que de pensar nada.. y aquí estoy”. Historias para contar y no guardar de un chico que no pasa de largo por la libreta del comunicador.

 

 

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