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Javier Sesé, la curiosidad e imaginación…

Javier Sesé, la curiosidad e imaginación…

El chico prometía y los hechos lo han confirmado. Esta idea la podrán hacer suya algunos de los profesores que tuvo Javier Sesé en el IES Sierra de San Quílez. La Física era su materia de cabecera y por ella apostó hasta llegar a convertirse en investigador fijo del Instituto de Nanociencia de Aragón. El camino recorrido ha estado lleno de curiosidad, algo intrínseco en la vida y obra de este binefarense afincado en Zaragoza.    

 

La memoria para los elefantes

A primera vista, Javier Sesé Monclús es un tipo tranquilo, pausado y concreto en su exposición. Nada de grandes argumentaciones para llegar a la meta del mensaje. Su discurso es directo y transparente, aunque siempre parece que se guarda una última baza despistada en ese sosiego verbal. Nos citamos en el día del Santo Cristo de los Milagros, aprovechando su estancia festiva en Binéfar. Mi duda razonable tenía que ver con la exposición que lograría extraer del personaje, pero la incógnita se despejó inmediatamente. “A partir del instituto, siempre tuve claro que las ciencias, y más concretamente la física, era lo que en verdad me atraía. Memorizar no es lo mío, no me gusta”, comienza reconociendo Javier. Desde muy joven, Sesé mostró unas dotes únicas para esas ciencias universales que profesores como Culleré supieron ver y potenciar. “Guardo un gran recuerdo de él. También de Mario Buisán, Carmen Varéa o de Eva Villarrolla, ahora compañera y profesora en la Universidad de Zaragoza”. Esa memoria de estudiante en Binéfar pasa por los compañeros de clase como David Solano, Luis Pinilla, Agustin Aquilué, Carlos Corzán, Susana Torrens o Guadalupe Ríu y, como no, por las partidas de ping-pong que jugaban en el gimanasio del centro. “Esa es una imagen que me suele aparecer cuando algo me conecta con aquella época. Lo pasábamos fenomenal. Buenos tiempos. Ahora, todos hemos cambiado bastante, sobre todo físicamente. La última vez que nos vimos fue en la cena de los cuarenta, y pocos me reconocían. La ausencia de pelo y algún kilo de más nos cambia bastante”.

Física del alma

Nuestro protagonista cursó la carrera de Física en la Universidad de Zaragoza con numerosas matrículas de honor, excelente expediente y un crédito ganado que le llevó a ser becado para realizar su tesis doctoral durante cinco años. “Mi tesis versaba sobre Metrología Cuantica; los patrones eléctricos dentro de cada país se tienen que encargar de que el voltio que se mide, por ejemplo, en Segovía sea el mismo que el de Pamplona. Los patrones eléctricos más precisos se basan en fenómenos cuánticos. Yo estudié esos fenómenos y junto a otros colaboradores desarrollamos un patrón cuántico que en España no existía, además contribuimos en el futuro patrón del amperio que todavía es un reto a nivel internacional. Para ello, construimos máquinas de instrumentación avanzada que eran capaz de comparar estas unidades con increíble precisión”.

Fueron cinco años entre Zaragoza y Madrid con sede en el Taller de Precisión de Artillería del Ejercito de Tierra, ya que las mediciones en cuestión eran responsabilidad de este cuerpo de seguridad. Un lustro “encerrado” en un mundo muy singular y concreto que se vió interrumpido por el servicio militar con destino en Canarias. El plan era lógico y razonable; merced a contactos de muy alto nivel dentro del ejercito, Javier debía ser trasladado desde Canarias a Madrid para cumplir con su obligación de soldado, circunstancia espacial que le permitiría continuar con sus tesis. “Pues no fue posible. Por la vía oficial, que era la que debía trasladarme, no se pudo hacer. En cambio, si tenías un enchufe, sí que se hacía sin problema alguno. Fue un año perdido”. Curioso. Al final, y como licenciado insular, Javier volvió a Zaragoza, acabó su tesis doctoral y continúo su preparación en Holanda con una estancia postdoctorado. “Al principio, seguí el argumento de mi tesis, para cambiar después y dedicarme a la investigación de sistemas micromecánicos. Me fue muy bien la experiencia en Holanda, ya que a la vuelta en la Universidad de Zaragoza se crearon los institutos de investigación, entre ellos el de Nanociencia, y aquí estoy”.

El Instituto Universitario de Investigación en Nanociencia de Aragón es una institución dependiente de la propia Universidad y del Gobierno de Aragón. Desde el año 2008, Javier Sesé es investigador fijo en el centro que contabiliza a unos cien investigadores en diferentes áreas. Su responsabilidad se centra en el laboratorio de microlitografia (fábrica de circuitos electrónicos), dentro de la sala blanca.  “En estos momentos, lo estamos pasando mal debido a los recortes, después de una época con muchos medios. Pero lo peor es la falta de estudiantes con vocación investigadora. Haber, hay, pero como lo ven todo tan negro, prefieren emigrar a otras partes del mundo”. Contra la falta de medios, Javier Sesé explota la imaginación, haciendo gala de ello. “La imaginación es muy poderosa. Cuando no tienes los medios que querrías, debes pensar en buscar otras fórmulas o colaborar con gente de fuera. La ciencia no se basa en el secretismo, al contrario. Lo que quieres es buscar, encontrar y compartir. Lo primero que hacemos cuando descubrimos algo es publicarlo en las revistas especializadas”. A pesar de todo lo expuesto, el Instituto Universitario de Investigación en Nanociencia de Aragón es una de las referencias a nivel español, y en algún caso internacional. “Tenemos los microscopios mejores que hay ahora mismo en el mundo, capaces de distinguir los átomos individuales. Nuestro centro de Zaragoza es de lo mejor de España. En microscopia electrónica es sin duda el mejor dentro de nuestro país”.

Hoy toca…

Ahora mismo, Sesé Monclús está inmerso en varios proyectos y en diferentes grupos de trabajo. Desde cosas muy básicas y de aplicación inmediata, a temas más complejos y a más largo plazo. “La colaboración con empresas es muy importante. Por ejemplo, ahora estamos trabajando con Sallén Electrónica en un nuevo tipo de test para detectar enfermedades, semejante al test de embarazo”.  Nuestro investigador tiene dos objetivos fundamentales a la hora de exprimir su conocimiento y curiosidad. “Investigar y concluir, además de colaborar con empresas aragonesas para volcar ese conocimiento en algo concreto y aplicable a nuestra sociedad”. Pensar, probar, curiosear, examinar, analizar. Todos estos infinitivos entran dentro del libro de estilo diario de Javier. Al punto que desconectar resulta casi imposible. “Es difícil no llevarte a casa historias que te suceden en el día a día. Incluso soy de los que por la noche, me levanto a anotar algún detalle que me viene a la cabeza para ponerlo en práctica al día siguiente. Debe ser que no confío demasiado en mi memoria”. En sus viajes por el mundo de los congresos o del ocio, Sesé amplía su conocimiento y abre las puertas de la mente contra la obcecación que puede procurar un exceso de temas y laboratorio. “Para mí, viajar es necesario. Te abre la mente y te ayuda a ver la cosas desde ópticas que a lo mejor no habías presupuestado”. Para sus idas y venidas, el inglés (lenguaje de la ciencia universal) es en la actualidad una lengua que domina como el español, sumando conocimientos suficientes en francés y holandés.

Y al final, bolsos con roturas imposibles

Al final de nuestra conversación, y en la antesala de la penúltima idea o palabra, Javier nos descubre el embrión del investigador que lleva dentro. “Mi padre era el zapatero de la calle Industria, y yo de chaval le ayudaba. Pero nunca me daba trabajos al uso como poner tapas o medias suelas. Él me encargaba trabajos raros; bolsos con roturas imposibles o cremalleras que se negaban a subir o bajar. En los ratos libres me entretenía en hacer pulseras y zapatos en miniatura que exponía en el mismo taller”. Entendido.

Mientras los fieles han vestido al Santo Cristo de los Milagros con ese manto de flores sentido y tradicional, nosotros ponemos el punto y final a una charla de las que gustan, aunque uno deba preguntar y reiterar en exceso por aquello del milagro de la ciencia y su bruma para el común de los mortales. Javier Sesé Monclús es de los que contestan con un “soy de Binéfar”, para segundos después ubicar si es necesario. Orgulloso de su pueblo, orgullosos de nuestro investigador.

Javier Sesé Monclús, en una de sus escapadas a Binéfar

Javier Sesé Monclús, en una de sus escapadas a Binéfar

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