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La bondad de un profesor escolapio

La bondad de un profesor escolapio

Escolapio, profesor, religioso y hombre tremendamente querido allí donde vive y convive, enseña o imparte la eucaristía. Su carácter amable, abierto, respetuoso, sereno y entregado a su responsabilidad hacen de él un hombre bueno.

Joaquín Nadal nació en Costeán (comarca del Somontano de Barbastro) hace 68 años. Al mundo no vino solo ya que en el parto su madre alumbró a una niña y a un niño (Joaquín). Sus primeros meses de vida se vieron condicionados por los mil gramos que pesó al nacer. Entonces (1945) no había incubadoras en aquella España de postguerra, y esos primeros cuidados propios para salvar una vida tan pequeña tuvieron que hacerse en casa.

Desde muy pequeño las clases y los libros no se le dieron nada mal. Estudió en los Escolapios de Barbastro, antes de iniciar su permanente etapa viajera en la vida. Primero en Logroño, aprovechando la estancia de una tía suya en la capital riojana, para estudiar Magisterio, después en Canales de la Sierra (Logroño), como profesor, más tarde en Madrid, donde seguía como docente a la vez que se licenciaba en Matemáticas, Filosofía y Teología. “Creo que la enseñanza siempre ha sido una vocación ineludible para mí, incluso antes de descubrir la razón de ser escolapia”, señala Joaquín Nadal. Pero hubieron más destinos a partir de 1991, fecha en la que llega a Zaragoza para convertirse en asistente provincial escolapio. “Fueron doce años en la capital aragonesa, antes de llegar a Barbastro y Peralta de la Sal como superior de la comunidad escolapia”. Desde el año 2004 es profesor de Matemáticas y Religión en los Escolapios de Barbastro, primer colegio de la orden en España fundado el 10 de agosto de 1677.

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Celebración de la misa en la ermita de la Vilavella (Baldellou)

Su trayectoria queda redondeada con la tarea que viene desarrollando en el Santuario de San José de Calasanz como primer responsable del centro. “Es un honor poder estar aquí, en la casa donde nació José de Calasanz. Para un escolapio, éste es un espacio único y venerado”. El camino recorrido desde joven se inició con unos presupuestos propios de la edad. Su objetivo era estudiar, prepararse y trabajar. La vocación llegó con 21 años. “No sé muy bien la razón de esa vocación. Yo tenía novia, como la mayoría de chicos a esa edad, pero llegó un momento en el que esa llamada vocacional pudo con todo. La responsabilidad, el trabajo bien hecho, la formación que recibí durante mis años de estudiante en Barbastro fueron la clave para querer ser como uno de aquellos profesores que tuve”. Una vez que olvidó los amores de juventud, Joaquín Nadal se fue a Peralta de la Sal y allí se convenció del camino que quería emprender. A partir de ese momento, entró de noviciado haciendo los cuatro votos  demandados por la orden: pobreza, obediencia, castidad y enseñanza. Posteriormente, se formó durante seis años bajo la orden escolapia hasta que finalmente dió el sí a su nueva comunidad.

Mientras Joaquín Nadal habla de su comunidad escolapia, las palabras fluyen con un acento especial que proyecta amor y orgullo. “Los escolapios estamos formados para vivir en comunidad. Tú no eliges con quién vas a vivir. Se trata de acoger al que venga. Nuestra religiosidad no se entiende sin comunidad. Para llevar una vida individualista no me hubiera hecho religioso”. La interiorización que exhibe de su credo escolapio le lleva a hablar con máximo cariño de sus cinco hermanos en el Santuario de Peralta de la Sal. “En total somos seis, cinco sacerdotes y un hermano. Son como una familia para mí. Lo que más me llena es la vida en comunidad después de todo el día en el colegio. Nuestra vocación no es la de sacerdote secular, sino la de formadores de jóvenes. Un religioso escolapio se debe a su orden, padre general y provincial, mientras que un sacerdote se debe a su obispo y a la diócesis donde está cardinado”.

Salvando diferencias entre religioso y sacerdote, la colaboración de los primeros con las diferentes diócesis españolas es un hecho que, tal y como está la situación en los seminarios, ayuda y mucho a los diferentes obispos para poder atender todas sus parroquias. “En mi caso, Don Alfonso Milián, obispo de la diócesis Barbastro-Moozón, me pidió que le echará una mano en La Litera para poder atender pueblos como Baldellou, Camporrells o Castillonroy. Otros compañeros escolapios de Peralta de la Sal ayudan en pueblos de la Ribagorza. En total, llevamos 22 municipios”. Ahora se cumplen seis años desde el primer viaje de Joaquín Nadal por sus parroquias literanas. A manos de su furgoneta y por unas carreteras que van y vienen con curvas hasta en las rectas, nuestro escolapio no pierde fecha. “La escuela te exige mucho a lo largo de la semana, pero estoy encantado de poder realizar la labor que me han encomendado. La gente es magnífica. Son muy atentos conmigo. Sus peticiones están llenas de respeto y comprensión y así es muy fácil ir cada fin de semana con la mejor y más sincera sonrisa”.

 Cada uno de sus tres pueblos, encuadrados en la Litera Alta, tienen para Joaquín un carácter singular, a la vez que un denominador común. “Me tratan con mucho cariño. Históricamente, el mismo cura siempre ha llevado estos tres pueblos, y ahora me toca a mí esa tarea mientras descubró una experiencia que no puede ser más positiva. Me han acogido de maravilla desde el primer día y lo único que he hecho ha sido devolverles ese cariño, sin distingos de ninguna clase”. El reducido número de habitantes hace que las homilías no sean multitudinarias, ni mucho menos. Joaquín lo tiene claro. “Para mí es igual de importante la misa con 2, 10 ó 20. Las personas que vienen se merecen que su párroco dé lo mejor de sí mismo. Ellas son la esencia de mis viajes por La Litera, Mientras haya uno solo, allí estaré”. Al principio de sus misas en Baldellou, Camporrels y Castillonroy, Joaquín Nadal vivió un periodo de adaptación a la hora de canalizar de forma entendible el mensaje que debía transmitir. Las misas se las preparaba de manera concienzuda ya que buscaba la máxima claridad en sus palabras. “Hay que adaptar el mensaje para que la gente te entienda y esa era una de mis máximas preocupaciones. Nuestra formación no es la de un párroco. Ellos tienen más argumentos formativos para conectar con los parroquianos. Al final, creo que nos entendemos perfectamente y mis palabras llegan con sencillez a todos”.

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Joaquín Nadal, reside en Peralta de la Sal

En nuestro deambular por la comarca, y sobre todo por los tres pueblos arriba mencionados, uno puedo comprobar ese cariño que se le profesa a Joaquín Nadal. Les puedo asegurar que no es verbo fácil ni cumplido el que ahora utilizo. Sus formas sencillas, moderadas, bondadosas y sinceras hacen de él un ser especial, respetado y apreciado. “Para mí la persona es algo sagrado sea quién sea. Lo que más valoro en ella es la honestidad, la justicia en sus comportamientos y la aceptación del otro por diferente que sea”. Palabras que en boca de Joaquín suenan de verdad, sin soslayos que aumenten la sinceridad de las mismas. Él es así y así se le quiere. “Mi manera de ser es acoger y ayudar a todo el mundo. Esa ha sido siempre y sigue siendo mi forma de estar en la vida”.

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